25 | SEP 2017
ECO SWITCH
15 FEB | 2016
SSC Napoli, Napoli, Italia
El día que el San Paolo volvió a vibrar como en los años 80
Era la temporada regreso del Napoli a Primera, que tuvo su coronación con un partido perfecto ante el Milan. Pero el resultado fue una anécdota más de la inolvidable experiencia de visitar la ciudad campana.
E

ra mayo de 2008. Habíamos llegado a la estación de tren Napoli Centrale desde el norte de Italia. Teníamos equipaje liviano, como para dos días. El objetivo era ver Napoli-Milan, un partido histórico, que no se jugaba desde hacía 7 años. Durante ese tiempo, el Napoli había tenido su procesión por el infierno, y también por debajo de él, en la Serie C1. Pero ahora todo era fiesta. Y el equipo, por entonces conducido por Edoardo Reja, comenzaba a dar muestras de un revival que iba a mantenerse con los años. Nos subimos a un taxi e indicamos el nombre del hotel al que íbamos, en el corazón de [...]

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Editor general de MUNDBØL
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Periodista. El Gráfico. Publicó artículos en medios escritos de 20 países. Viajero en modo permanente, busca casa en Estocolmo y sueña con poner una panchería en Montecarlo. Odia el pescado, mucho más si se lo venden podrido. MUNDBØL es culpa suya.
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[...] de la ciudad, a metros de la Piazza del Plebiscito.

El auto arrancó y se aprestaba para salir de la estación, cuando se detuvo inesperadamente. El conductor, un muchacho joven, se dio vuelta y nos miró a los ojos: "¿Ustedes son milanistas? Porque si son milanisti los hago bajar acá mismo". Por fortuna para los otros ocupantes del auto, milanisti, todos ellos, la estampita de Maradona, ubicada en el espejo retrovisor del auto, y la argentinidad del cronista sepultó todo intento extensivo de inquisición. Así empezó la travesía napoletana, que terminó con un estrépito en el San Paolo, una victoria contundente contra el vigente campeón del mundo de clubes, el Milan de Ancelotti.

Es difícil explicar Napoli sin detenerse en su equipo de fútbol. Pocas veces se da una simbiosis tan grande entre un pueblo, una ciudad y un club. De hecho, es difícil, también, referirse a la ciudad campana como en las viejas crónicas: ahora ya no es Nápoles, con su nombre castellanizado. Ahora es Napoli. Una cosa y la otra, fútbol y ciudad, son lo mismo. El amor que despertó el equipo de Maradona se engullió al viejo nombre de la ciudad. El único que mantiene su denominación de origen es el Vesubio, aunque en realidad, el Napoli también es un volcán. Un volcán de pasiones en actividad permanente, con erupciones sistemáticas en cada partido.

Entrar al San Paolo fue como visitar un templo. La visión tenía que tornarse un poco borrosa, como en los VHS donde revivimos lo mejor de Maradona y compañía. Allí había otros argentinos, también adorados: era el último partido del Pampa Sosa, el estoico delantero que había soportado jugar en la C1 y en la B, y ahora disfrutaba el regreso a la Serie A. Allí estaba Lavezzi, el Pocho, o Posho, casi como sonaba en el dialecto napoletano. 

"Si van a ir al partido, los puedo llevar, pero temprano, porque después vuelvo con la moto. Cuando juega el Napoli, no hay taxis, se para toda la ciudad. Y después del partido, por un buen tiempo, encontrar uno es imposible. Juega el Napoli y hay fiesta", explicó el taxista, Salvatore.

Fuimos tan temprano que coincidimos con el micro que transportaba a la delegación del Milan. Una especie de escena de Indiana Jones, en la que un vehículo es abordado por cientos de motos que revoloteaban a su alrededor como si fueran abejas. Ya no uno ni dos por ciclomotor, a veces había hasta 3 personas agitando los brazos. Recuerdo uno que intentó hacer contacto con los vidrios de una de las ventanillas, valiéndose de sus muletas de madera.

Después del caluroso trayecto, en el San Paolo hubo fiesta, vaya si la hubo. El estadio recibió a más de 60 mil espectadores. Ganó el Napoli 3-1 (Hamsik, Domizzi, Garics), con un gol del Milan (Seedorf) que recién llegó en el minuto 94. Fue un partido involvidable, pero a su vez, fue un partido cualquiera para una hinchada y una ciudad que viven el fútbol con una pasión impresionante. Una pasión que podría describirse, por supuesto, pero mejor que describirla es tener el privilegio de vivirla. Siempre que uno no llegue siendo milanista, claro. [Ø]

Martín Mazur
@martinmazur