22 | JUN 2017
ECO SWITCH
01 AGO | 2015
Øtras de Lampedusa, Lampedusa, Italia
El drama de los refugiados que llegan a Lampedusa... y el campo de fútbol que los espera
Desesperados por llegar a Europa, intentan cruzar el Mediterráneo en condiciones precarias. La isla de Lampedusa, testigo de miles de muertes, los espera con una cancha de tierra.
E

l mundo provee diariamente fotos de partidos de fútbol en potreros y en las calles, canchitas improvisadas en el desierto, en la playa o en el delta. Lo que difícilmente pueda encontrarse son fotos de fútbol en un cementerio. Imaginemos el shock de ver una pelota que pica entre las tumbas, o a un arquero improvisado que defiende un arco delimitado por dos lápidas... Y si bien en esta imagen las tumbas no están, igualmente hay más muertos que vivos. Aunque no lo parezca, la foto es efectivamente fútbol en el cementerio: los barcos de fondo son las lápidas faltantes. La cancha está ubicada [...]

Twitter: @martinmazur
Editor general de MUNDBØL
E-mail: mm@mundbol.com
Periodista. El Gráfico. Publicó artículos en medios escritos de 20 países. Viajero en modo permanente, busca casa en Estocolmo y sueña con poner una panchería en Montecarlo. Odia el pescado, mucho más si se lo venden podrido. MUNDBØL es culpa suya.
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[...] junto al puerto de Lampedusa, el punto de llegada de todos los inmigrantes africanos que huyen de la nada. Los barcos y barcazas que están allí, encallados detrás del arco, son los que no sobrevivieron a la travesía.

Lampedusa está más cerca de Africa (110 kilómetros de Túnez) que de Sicilia (más de 200 kilómetros). Los recién llegados deben pasar por el centro de refugiados. La cancha del club Lampedusa es el punto de reunión antes de irse a lo que parecerá un centro de detención. Quienes logren salir tendrán una nueva misión: dejar la isla y llegar a la península, para después irse más al norte. Noruega o Suecia, si es posible. O Alemania, Holanda y Francia, en busca de familiares.

Después de uno de los tantos naufragios que dejó centenares de muertos, el fútbol le dedicó un minuto de silencio a Lampedusa. Encabezados por Francesco Totti, los jugadores de la Roma salieron a la cancha con una remera que decía “Lampedusa, la vida es un derecho de todos”. Pero el problema parece ser sólo de los italianos. El malhumor social crece. A Italia le dicen qué tiene que hacer, pero ningún otro país asiste. Lo máximo que desde Bruselas están dispuestos a discutir es un fondo de ayuda que sirva para patrullar las costas. Lo importante no es que no se ahoguen, sino que vuelvan a Africa.

En ese contexto, Turín fue sede de una iniciativa llamada Balón Mundial, la Copa del Mundo para inmigrantes en Italia, donde además de partidos hay actividades integradoras a partir de la música y la comida. La final fue Congo-Camerún. Participaron China, Malí. También se juega en categorías femeninas.

Muchos de los sobrevivientes al cruce del Mediterráneo serán futbolistas. Alguno, quizás, haya nacido en altamar, como le pasó a Rio Mavuba, volante del Lille y la selección francesa, que nació en un barco mientras sus padres huían de la guerra civil en Angola rumbo a Francia. El padre de Mavuba había representado a Zaire en el Mundial 74.

Lampedusa ya empieza a dejar historias similares: la del ghanés Godfred Donsah, cuyo padre llegó en una barcaza desde Trípoli. Su hijo quedó en Accra, esperando poder seguirlo. Poco tiempo después del cruce, pasó al Verona, pero sin permesso di soggiorno, debió retornar a Africa. Hoy, con sólo 19 años, Donsah es jugador de la Juventus y tiene un contrato de 500.000 euros al año. En la edición del año pasado de Balón Mundial, el Torino FC descubrió a Moustapha War, volante del campeón Senegal, y lo contrató.



Por temas burocráticos, la Federación Italiana no permitía que los juveniles de Lampedusa se inscribieran en su campeonato de fútbol. “Para un chico olvidar es imposible, pero no se trata de olvidar, sino de continuar”, decía la carta que envió el vicepresidente del club Lampedusa, Sebastiano Pavia, a las máximas autoridades nacionales. Si el Lampedusa pudiera nutrirse de todos los inmigrantes que llegan, sería capaz de formar una selección que estaría en la Serie A. Los domingos son el único día en que Lampedusa aparece en los diarios por motivos no vinculados a la inmigración, sino al resultado del partido que haya jugado el club de la isla.

Cuando le toca presentarse de visitante, los futbolistas deben estar listos a las 4 de la mañana, para embarcar en el vuelo rumbo a Palermo, y de ahí, continuar en otro vuelo, o por tierra, hasta donde les toque jugar. El técnico del equipo, Giorgio Valecchi, llegó desde la tranquilidad de la vida en la Toscana. “Es un lugar distinto a todo. La relación que uno es capaz de entablar con los inmigrantes, personas que llegan sin nada, después de días de navegación con el riesgo constante de que se los engulliera el mar, logra que uno se dé cuenta del verdadero significado de la solidaridad. Cuando vas al encuentro de ellos con una frazada y una botellita de agua, escuchas como una voz que es casi un suspiro, un alivio, un canto de agradecimiento. Y con nuestros jugadores nos dedicamos a ir. Quizás sea por esto que algunos propusieron a Lampedusa como Premio Nobel de la Paz”, contó el entrenador en 2012.

La cancha del Lampedusa es la única en toda la isla y no tiene presupuesto para instalar pasto sintético. Es de tierra y desaparece algunos días por año, dependiendo de las crecidas del mar. El club también desapareció y resurgió con el nombre Virtus Lampedusa gracias a un pedido de clemencia a la Federación Italiana. Es irónico que con los millones de euros que dan vuelta en el fútbol, no haya ningún sponsor que se interese por patrocinar a un equipo cuya misión es jugar al fútbol en el cementerio. Y tener el coraje de festejar un gol sobre héroes y tumbas. [Ø]

Martín Mazur
@martinmazur