19 | NOV 2017
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10 MAY | 2015
Øtras de Rosarno, Rosarno, Italia
Los Caballeros del Altar, el equipo que muestra un camino de esperanza en Italia
Un momento de diversión de los jugadores del KOA Bosco. Foto: Salvatore Colloridi.
Formado sólo por africanos, el KOA Bosco surgió en Calabria, en el pueblo que fue epicentro de una revuelta contra los inmigrantes. Muchos de los jugadores viven en tiendas de campaña.
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uando uno habla con cualquiera de los integrantes del KOA Bosco, hay una frontera marginal que uno no se da cuenta de que está cruzando. Como con cualquier otro futbolista del mundo, los jugadores se muestran con ganas de discutir sobre sus posiciones preferidas, qué les dijo el técnico antes de tal o cual partido, recordar un gol fabuloso o contar cómo es el clima en el vestuario y las bromas que se hacen entre ellos. Y sin embargo, la significancia real del KOA Bosco no radica en este tipo de historias futbolísticas, sino en su mismísima existencia. The Knights of the Altar (Los [...]

Twitter: alehalle
Periodista argentina y orgullosa mamá. Revista El Gráfico. Fútbol internacional. Escribe el De la A a la Z, la Fiebre Argentina y el Descubriendo.

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[...] Caballeros del Altar) de Bosco es un equipo de fútbol que nació contra todos los pronósticos. Sus miembros son todos refugiados africanos que sobrevivieron al cruce del Mediterráneo. Y que enfrentaron violentos episodios de racismo. El lugar donde nació el KOA es Rosarno, en Calabria. Allí, en enero de 2010, se vivió una serie de hechos vergonzosos luego de que dos africanos fueran asesinados con rifles de aire comprimido mientras estaban trabajando en las cosechas de cítricos.  

El conflicto escaló a medida que miles de otros inmigrantes protestaron en las calles, lo que a su vez llevó a una reacción violenta por parte de los locales. Cuatro días más tarde, Rosarno se había transformado en una zona de guerra, con autos volcados y destruidos, casas incendiadas y cerca de 2.000 inmigrantes africanos que se vieron forzados a dejar el pueblo para prevenir una masacre. El complejo habitacional que los albergaba fue demolido, el mensaje definitivo de que Rosarno no los quería de vuelta.  

Las heridas espirituales pueden tardar años en curarse, pero un sacerdote local, Roberto Meduri, decidió hacer lo imposible para agilizar la pacificación: fundar un equipo de africanos. “No fue fácil, tuvimos que hacerlo discreto, dado que la atmósfera no era perfecta”, le explica a MUNDBØL. “Ellos no confían en la gente blanca, y uno puede darse cuenta de que tenían razón de sentirse de esa forma, pero desde que preparé los primeros panfletos, las cosas comenzaron a cambiar. Cuando empezaron a llegar los primeros para los entrenamientos, vieron que no había ningún engaño. Entonces ellos les fueron diciendo a sus amigos y familiares, y así se corrió la voz”. Unos meses después, 400 personas habían participado en los partidos informales en el patio trasero de la Iglesia Católica donde predica Meduri.

“Hace casi un año, dos amigos me llamaron y me contaron sobre este proyecto. No fue fácil creerles, pero cuando me di cuenta de que era verdad, vine aquí para las pruebas. Éramos como 40, todos queríamos ser parte de esto. La mejor parte de esto es que algunas personas ni siquiera sabían que tenían el deseo de hacerlo, pero una vez que estuvieron aquí, lo descubrieron”, dice el capitán del equipo, Karim Gaié, 26 años, de Senegal. Gaié ya estaba viviendo en Italia, vendiendo camisetas con un primo. “Vine de África en avión. De Dakar a Milano Malpensa, en 2006. Para aquellos que tenemos pasaporte, es mucho más fácil y económico que el dinero que les cobran por cruzar el Mediterráneo en esas barcazas a la gente desesperada que quiere dejar todo atrás, pero no tienen papeles o documentación necesaria”, revela.

Como muchos otros, Gaié estaba trabajando en la cosecha de cítricos. Ya tenía una historia con el  fútbol, habiendo formado parte del seleccionado sub 17 de Senegal y con experiencia en la Segunda División de su país. “Después de unas semanas, éramos ya 25 jugadores seleccionados. Algunos de ellos eran fantásticos, algunos más o menos, pero en definitiva teníamos un equipo”, agrega.

Domenico Mammoliti es otra figura crucial en la historia del KOA Bosco. Trabaja en un taller mecánico, estudia teología y además consiguió credenciales por convertirse en entrenador de fútbol. Pero lo que hizo a Mammoliti el hombre perfecto para el trabajo de dirigir al KOA Bosco es su extraordinaria sensibilidad. “No tienes una idea de los que esto realmente significa para nosotros”, dice, emocionado. “Tener un equipo de jugadores negros, en este pueblo, después de todo lo que pasó aquí, sin la ayuda de nadie más que de nosotros mismos y sabiendo las historias que estos jugadores están tratando de dejar atrás, es simplemente demasiado”, cuenta.

Sin embargo, la vida no es perfecta para los jugadores. La mayoría de ellos todavía viven en tendopoli, carpas armadas como refugios temporales, pero que al final resultaron definitivas. Algunos de ellos, como indica Gaié, no tienen agua caliente o electricidad. “Nuestro campamento tiene 72 carpas, y el promedio es de 6 personas por cada una. Vos pensás que estás en el sur de Italia, pero en invierno es realmente frío, ¿sabés? Aún así, para nosotros es mejor de lo que dejamos atrás”, dice. 

KOA Bosco, el equipo que nadie pensó que podría nacer, es ahora un éxito en la Séptima División de Italia. Los muchachos de Mammoliti son candidatos fuertes para el ascenso y se han convertido en orgullosos representantes de Rosarno, la ciudad que casi los mata. “Nos estamos volviendo famosos, hay periodistas que vienen aquí e intentan hablar con nosotros. También viajamos a Turín, y conocimos a Pavel Nedved, lo que fue un momento muy emocional para todos nosotros”, agrega el capitán.

KOA Bosco ahora tiene el respaldo de todo el país. Y refleja la paradoja de una tierra rica llena de bondad que sólo necesitó una idea para mejorar vidas. Esa idea fue escrita en un panfleto. “Ven a entrenar y jugar para nuestro equipo de fútbol”. Esa fue la semilla. Los frutos están floreciendo. [Ø]

Alejandra Altamirano Halle
@alehalle