19 | NOV 2017
ECO SWITCH
22 ABR | 2014
Federación Salvadoreña (FESFUT), San Salvador, El Salvador
El gol más famoso del Pelé menos famoso, enterrado en la goleada más dolorosa
El Salvador y Hungría, cuando todavía estaban 0-0.
El 10-1 que El Salvador sufrió contra Hungría, en España 1982, aún esconde historias de superación para un equipo que debió sobreponerse a las peores dificultades.
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Qué significado tiene el gol? Es el orgasmo del juego en sí, la culminación de años de trabajo, dedicación y sueños. Es el parámetro numérico del éxito en el fútbol, causante de sonrisas y lágrimas, de contratos millonarios o pérdidas monetarias, de ascensos y descensos, de migraciones institucionales o términos de carrera. En historias como la que les voy a narrar a continuación, un gol representa el orgullo patriótico, el recuerdo imborrable de años de gloria que todavía funcionan como gasolina en una actualidad carente de petróleo bruto. La televisión y los medios de comunicación [...]

Twitter: @Nicoliszt
Email: plumanomada@gmail.com
Columnista en La Ciudad Deportiva y ex FutbolSapiens. Viaja para vivir y vive para viajar. Pondrá, en algún momento, un restaurant donde él mismo cocinará un platillo de cada parte del mundo, cada día del año. Prefiere el caño que el gol. Toca el clarinete turco.
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[...] comunicación poseen un poder exuberante para manejar el destino deportivo de cualquier país. Hasta que no se pisa el territorio y se escucha a una persona local, la percepción yace exclusivamente en lo que el periodista diga. Y en los países futbolísticamente grandes del mundo, la historia futbolística de El Salvador está enterrada, manipulada e ignorada por no presentar logros significativos a lo largo de sus años. Es normal. Es entendible que quien no se bañe de oro, no merece el reconocimiento de los demás. Pero el fútbol es algo demasiado profundo como para solamente vivirlo en sus facetas superficiales; habiendo tanta riqueza en el subsuelo de la redonda, nos conformamos con arañar y acariciar la superficie con nuestras manos, teniendo pico y pala disponibles.

Hace 31 años los mexicanos, amos de la CONCACAF, quisieron estar en la cima de la duna pero su soberbia sólo los hizo tragar arena. Se acusó (infantilmente) al pueblo hondureño y salvadoreño de seguir practicando el fútbol con una pelota cuadrada, y que el seleccionado azteca pasaría caminando la eliminatoria mundialista (discurso recurrente año tras año). El Salvador, que contaba con un cuadro envidiable en aquel entonces, les calló la boca en el Estadio Cuscatlán. Aun así, México estaba a un triunfo de ir a España ’82, mismo que Honduras les negó en la última jornada para ocupar dicha plaza. Las portadas de los periódicos en territorio nacional sólo abarcaban titulares enfatizando el fracaso que significaba perder la oportunidad de conquistar España, una manera deportiva de devolviéndoles el favor de 1492. Kilómetros al sur, la realidad contrastaba.

En El Salvador, el éxito de La Selecta llegaba como oxígeno en una sociedad dominada por la tragedia, muerte y armas. Era la segunda vez que asistían a una Copa del Mundo y si bien la primera vez influyó más el hecho de que México organizaba dicho evento, ahora era su propio nivel futbolístico el que lo llevaba a la justa mundialista. El país vivía los inicios de una guerra civil que duraría 12 años, pero este éxito puntual serviría como tregua momentánea en un país dividido por intereses políticos y sociales. Desde que España ’82 era ya un hecho, El Salvador volvió a ser uno solo por unos cuantos meses para vivir una aventura que quedaría marcada como el mayor orgullo futbolístico.

Su participación en el Mundial estuvo rodeada de irregularidades, decepciones y absurdos, haciendo difícil de creer que un suceso así pudiera generar tanto orgullo en un salvadoreño. Desde el sorteo las cosas parecían ir en picada. A esta Cenicienta de la élite futbolística, la arrimaban junto a tres potencias: el subcampeón de Europa, Bélgica, un equipo que gozaba de talentos individuales envidiables, Hungría, y el actual campeón del mundo, Argentina. No clasificaron, perdieron los tres partidos y de paso rompieron un récord que hasta la fecha sigue intacto: poseen la mayor goleada en contra durante una Copa del Mundo. Si cualquier persona viera estos resultados, catalogaría dicha participación de cómica y patética. No se les culpa, hasta el propio país hizo lo mismo cuando el seleccionado regresó de España. A los clubes se les prohibió fichar a todo jugador que formara parte de esa Selección; no había cabida en suelo salvadoreño para aquella vergüenza nacional. La carrera de varios se truncó y sólo algunos tuvieron la suerte de emigrar a ligas vecinas como la guatemalteca u hondureña. Pero detrás de la decepción, había algo más que la cámara, el micrófono y la corbata decidieron ocultar por intereses económicos.

El gol de Pelé Zapata, 30 años después




Tres goles de Kiss, dos de Nyilasi, dos de Fazekas, uno de Pölöskei, otro de Szentes y uno más de Toth, le dieron a Hungría una aplastante victoria de 10 a 1 en el primer partido de La Selecta. El Salvador no tenía el nivel que un evento de tal magnitud exigía, según los periodistas después de la debacle. Gente del ámbito deportivo también enjuiciaba sin conocer trasfondos. Como consecuencia Guy Thys, entrenador de Bélgica, señalaba que El Salvador era la vergüenza de la FIFA, mientras se diseminaba el rumor de que Diego Armando Maradona, estrella de Argentina, había afirmado que si él se lo propusiera, podría gambetearse a todo el equipo para anotar. En ambos encuentros la derrota llegó, pero no de la manera en que los rivales la esperaban. El Salvador cambió su faceta mostrada en el primer partido y se volvió un equipo difícil de vencer, desplegando un fútbol encantador, liderados por Jorge El Mágico González, un jugador que generaba suspiros en los ojos del aficionado y dolores de cadera en los oponentes.

La pregunta era obvia: ¿Por qué la bipolaridad?

Años después, los misterios de dicha actuación comenzaron a revelarse poco a poco. “Nosotros no éramos tan bobos como para que nos hayan metido 10 goles”, decía el Mágico en una entrevista. Y claro que no lo eran, los habían hecho ver bobos desde antes de viajar. 

El gobierno había decidido que la inversión económica fuerte no debía destinarse para el combinado nacional ya que la magnitud de la demanda que los intereses bélicos y políticos exigían era independiente al júbilo deportivo que el país vivía. Sin poseer apoyo económico seguro, la participación de El Salvador en España ’82 era toda una incógnita. El descaro fue todavía peor. La dirigencia consideró que con 20 jugadores sobraba para competir, cortándoles el sueño a dos jugadores que habían estado durante todo el proceso eliminatorio. Eso sí, a España viajaron 22, sólo que esos dos lugares extras fueron ocupados por amigos de los dirigentes necesitados por conocer el viejo continente. El resto de jugadores no se quedaría con los brazos cruzados y realizaría una colecta para conseguir los boletos de sus compañeros injustamente excluidos. A tres días de que el Mundial comenzara y ante todo pronóstico del comité organizador, El Salvador viajaba a España siendo el último en llegar a tierras mundialistas. Gracias a esa misma incredulidad, en el aeropuerto los esperaba un bus con los colores de México (reemplazo esperado). Debido a la paupérrima situación económica, tuvieron que hospedarse en un lugar situado a más de una hora de las canchas de entrenamiento. El día de su debut llegaron a la ciudad de Elche sin balones para entrenar y jugar, con apenas un uniforme por persona y muchos de ellos con un cansancio notorio y ojeras exageradas, producto del jet-lag que aún no superaban. Como preparación, pobre también, un empresario español tuvo la delicadeza de conseguirles un video sobre los húngaros, días antes del encuentro. Fuera de eso, El Salvador no sabía nada de Hungría.


 
Con todos estos tornillos sueltos, lo de El Salvador fue algo memorable. Se ganó el respeto de todo aquel que lo vio jugar, mientras que la anotación del Pelé Zapata ante los húngaros, no sólo significó el único gol de El Salvador en Copas del Mundo, sino que también fue la prueba viviente de que el país tenía material para hacer algo sobresaliente a nivel mundial. De ahí que el salvadoreño recuerda con orgullo, nostalgia y alegría un hecho cubierto de decepción; es su propia historia de David contra Goliat. [Ø]

Nicolás Tapia